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Muchas veces nos preguntamos, ¿Adónde se ha ido el tiempo?. A medida que vemos envejecer a nuestros padres y crecer a nuestros parientes más jóvenes, el tiempo puede ser tanto doloroso como redentor.

Créditos de la imagen: Lukas Blazek.

El tiempo es un componente clave de nuestra vida diaria, una fuerza que guía nuestro comportamiento. Los adultos parecen obsesionarse con el tiempo que ha pasado rápidamente y recuerdan los días de largos veranos cuando eran niños. Hay una nostalgia siempre presente por volver a ser joven, un período en el que el tiempo parecía moverse lenta, lánguidamente.

Las investigaciones sugieren que las personas mayores subestiman cuánto tiempo ha pasado porque nuestros niveles dopaminérgicos disminuyen a medida que envejecemos. La dopamina es un neurotransmisor, una sustancia química que ayuda a transmitir señales entre las células nerviosas del cerebro. Este proceso nos lleva a percibir que el tiempo se acelera a medida que envejecemos.

Sin embargo, existen varias técnicas que podemos usar para ralentizar nuestra percepción del tiempo, tanto prácticas como metafísicas, para ganar más tiempo. Ser intencional sobre nuestra percepción del tiempo requiere aprender a ser como un niño nuevamente, participar en nuevas actividades, desconectarse de la tecnología, prestar atención a los detalles y meditar sobre la mortalidad.

  • 1 Meditar sobre la mortalidad
    • 1.1 Reflexión
  • Aprende a ser un niño otra vez

    Nuestra percepción del tiempo cambia a medida que nos aventuramos y hacemos cosas nuevas para estimular la mente. Podemos aprender a sentir curiosidad de nuevo por nuevas ideas. Con nuevas experiencias, el cerebro crea nuevas vías neuronales, se adapta a nuevas experiencias e información y crea nuevos recuerdos. Esto permite que el cerebro se concentre y registre los recuerdos con mayor claridad, lo que hace que se sienta como si el tiempo se moviera más lentamente.

    Debido a que los niños dedican constantemente recursos neuronales y capacidad intelectual significativos para construir nuevos modelos mentales, en un intento por comprender cómo funciona el mundo, los niños se involucran constantemente en el momento. Sin embargo, como adultos, experimentamos estímulos similares a diario cuando participamos en rutinas. Para maximizar nuestra percepción del tiempo, debemos aprender a ser niños nuevamente; debemos intentar explorar cosas nuevas en este mundo. Debemos tener muchas ganas de aventura, de ver y sentir todo lo que hay para experimentar. Si somos capaces de salir de la rutina y relacionarnos con el mundo con un sentido de asombro infantil, la recompensa es sentir que hemos vivido vidas más largas.

    Participar en nuevas actividades

    Imagina que un mago te entrega una baraja de cartas. Repasas y confirmas que cada carta es única. Ahora, con un toque de la varita, transforma el mazo para que todas las cartas sean iguales. Esta ilusión popular es exactamente lo que sucede cuando dejamos de invitar nuevas experiencias a nuestra vida. Cuando nuestros días se convierten en una copia al carbón uno del otro, perdemos la capacidad de diferenciarlos. Miramos hacia atrás a los meses pasados ​​en el mismo viaje, en la misma oficina y luchando contra los mismos problemas, con una capacidad disminuida para separar esos días en nuestra mente.

    Créditos de la imagen: Arek Adeoye.

    Nuestra percepción del tiempo se siente apresurada y condensada. Compare el desenfoque de la vida laboral mecanizada con unas vacaciones en las que cada día es distinto y está lleno de nuevas experiencias. Recuerdas exactamente lo que pasó, con quién estabas y adónde fuiste. Este es el poder de las nuevas experiencias para dar forma a nuestra percepción del tiempo.

    El trabajo del Dr. David Eagleman que examina cómo percibimos el tiempo se presentó recientemente en un artículo en The New Yorker. Según el Dr. Eagleman, cuanto más vívidos fueron los detalles en la memoria, más tiempo percibimos que duró el momento. Eagleman también dijo que los veranos de la infancia parecen durar una eternidad, mientras que la vejez se desliza mientras dormitamos.

    Cuanto más familiar se vuelve el mundo, menos información escribe tu cerebro y más rápido parece pasar el tiempo. Sin embargo, al ser más conscientes de nuestro entorno, tomando nota de las nuevas experiencias, tenemos el poder de hacer que parezca que nuestras vidas son más largas y recibimos más de nuestro recurso más escaso: el tiempo.

    El Dr. David Eagleman cree que incluso los pequeños cambios pueden ayudarnos a ser más conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor; cambiar su reloj a la muñeca opuesta o tomar una ruta diferente al trabajo puede sacudir sus circuitos neuronales, cualquier cosa que pueda hacer para evitar que su cerebro cambie al piloto automático.

    Presta atención

    Cuando vivimos eventos dramáticos, como experiencias cercanas a la muerte, las investigaciones muestran que las personas informan que el tiempo pasa en cámara lenta. La percepción del tiempo está conectada con el compromiso y la atención que brindamos en el momento; cuanta más atención prestamos, más información procesamos y más tiempo percibimos.

    Nuestro cerebro tiene que acelerar su procesamiento de datos para reaccionar. Cuando nuestros cuerpos detectan una amenaza grave, la amígdala dirige los recursos de nuestro cerebro para que se concentren en la situación actual. Esta habilidad fue ventajosa desde el punto de vista evolutivo, ya que permitió a los humanos tomar decisiones rápidas necesarias para la supervivencia. Este reloj neuronal en el cerebro humano percibe el tiempo a través de procesos relacionados con la memoria y la atención, a diferencia de nuestras percepciones comúnmente conocidas de los relojes (los artículos hechos por el hombre). Entonces, cuando encuentre algo nuevo, intente prestar mucha atención a los detalles y participar en la belleza del momento. Reflexiona sobre los rayos del sol que golpean las hojas temprano en la mañana.

    Escucha el canto de los pájaros. Casi como por arte de magia, puedes sentir que el tiempo se ralentiza.

    Aprende a desconectar

    Los investigadores han descubierto que los avances tecnológicos y el estilo de vida moderno han impactado nuestra experiencia del tiempo. Los aumentos en el ritmo de vida se han relacionado con problemas de salud física y mental. Nuestras interacciones con dispositivos y sistemas tecnológicos hacen que parezca que el tiempo fluye rápidamente.

    En un estudio, más del 70 % de los participantes informaron una dependencia de las tecnologías cotidianas y una cantidad considerable de tiempo dedicado a los sitios de redes sociales. El ochenta y tres por ciento de los participantes que usaron tecnología informaron que sintieron que el tiempo pasaba más rápido que cuando no estaban usando tecnología.

    Las personas que pasaron más tiempo usando la tecnología sobreestimaron el paso del tiempo, mientras que las personas que usaron menos tecnología fueron más precisas al estimar el tiempo. Cuando estamos presentes en la experiencia actual, sentimos como si tuviéramos más tiempo y como si el tiempo se moviera más lentamente.

    Meditar sobre la mortalidad

    La mayoría de nosotros no pasamos gran parte de nuestras vidas reflexionando sobre la idea de la muerte y lo corta que puede ser la vida. Al comprender y ser conscientes de nuestra mortalidad, podemos intensificar cada experiencia que tenemos.

    A la autora Flannery OConner se le diagnosticó una enfermedad mortal que la mantuvo al borde de la muerte durante muchos años y, sin embargo, pudo escribir más de dos docenas de cuentos y dos novelas mientras sufría de lupus. La cercanía de la muerte le mostró lo que realmente importaba en su vida y cómo apreciar mejor cada momento y relación.

    Cuando nos encontramos continuamente fuera de nuestra zona de confort, surge nuestra conciencia de lo vívido. Ganamos un sentido del olfato mejorado, sentimos emociones más fuertes y experimentamos deseos de extender el momento.

    Al meditar sobre la moralidad, podemos intensificar nuestras experiencias de vida y extender nuestra percepción del tiempo. Meditar sobre la mortalidad no es solo un enfoque en la muerte, es aceptar nuestra naturaleza y reenfocar nuestra energía para enfrentar la muerte en nuestros propios términos cuando llegue.

    Reflexión

    El tiempo es nuestro recurso más escaso y la mayoría de nosotros sentimos que no tenemos suficiente. Sin embargo, la rapidez con la que percibimos que pasa el tiempo depende de nuestras percepciones. En otras palabras, la forma en que vivimos nuestras vidas determina si experimentamos que el tiempo pasa lento o rápido.

    Aunque a menudo nos sentimos amenazados por cosas sobre las que no tenemos control, tener más control sobre nuestras percepciones del tiempo hará sentir que el tiempo no es un enemigo. Cuando nos sumergimos en nuevas ideas y experiencias, estos esfuerzos mejorados para centrarnos en el presente pueden ralentizar nuestra percepción del tiempo y permitirnos aprovechar al máximo nuestro recurso más escaso en la vida.

    Practique reducir la velocidad y experimentar el momento actual. Tome una nueva ruta a casa. Vuelve una mirada fresca e infantil a la belleza y la maravilla que te rodea en cada momento. Y finalmente, abrazar la novedad y el cambio por lo que son presagios de una larga vida.

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